Un pasillo de recomposición de elementos culturales se va afinando, se ajusta: primero es el universo sonoro que se reconstituye, se avanza hacia la música de los orígenes: tradicional, los instrumentos se despegan unos de otros.
El sonido y el visual se perfilan de manera gradual y progresiva proponiendo estaciones de escucha que tienden hacia lo oral y a lo musical.

Los sonidos se abordan del singular al plural. La ergonomía de los dispositivos sigue la misma lógica, los auriculares van a permitir una escucha intimista de la oralidad (la voz), después las hornacinas de sonido semi-abierto facilitarán la escucha a uno, dos o tres por las sonoridades compuestas, (improvisaciones, cantos polifónicos…) y, un sonido más abierto que permitirá una escucha musical y federadora de intercambios (cantos, músicas tradicionales, músicas actuales…).

Z.Studio
La voz se aísla, se puede oír. Nos cuentan historias, nos citan extractos de poesías, de novelas. La escucha es íntima, aislada.
Las paredes del pasillo se van ensanchando, primero sombras táctiles, arropadas por instalaciones luminosas: vídeo clips (teatro, danza, improvisación versificada), integradas en las paredes a diferentes niveles y alturas.
La actividad se intensifica al salir del pasillo que extiende sus brazos a un escenario-pantalla vivos; las artes plásticas y la joven creación vasca contemporánea toman el testigo de las expresiones tradicionales, (ensayos de vídeo de la escuela de artes del BAB, vídeos sincronizados...)
Este segundo espacio va a proponer una subida in crescendo del contacto social.